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COLABORACIONES

En este listado se encuentran las colaboraciones que rescataré de antaño (si es que lo consigo), que haya escrito recientemente o que vayan apareciendo inéditas. No hay líneas maestras a seguir, como en otras páginas donde recopilo material, ni tan siquiera líneas argumentales, y ni mucho menos pretensiones como narrador. Tan solo disfrutar creando para tu disfrute leyendo de estas colaboraciones. Gracias por estar ahí. Espero lo disfrutes.


PRÓLOGO «PULSO A LA JUSTICIA», ALICIA GALLEGO

ANTONIO MONTIEL: LO INEFABLE DEL ALMA

NOTA DEL EDITOR: «EL EMPERADOR DEL HAMBRE», ALDO ARES

«A CIELO ABIERTO», INÉS MARÍA GUZMÁN 

PRÓLOGO «ÁNFORA DE PLATA XLIV»

PRÓLOGO «EL CUADERNO DE LA BRISA»

PAISAJES PERDIDOS: UNA MIRADA A LA EXPOSICIÓN DE ANTONIA MARÍA SAMPER

PRÓLOGO «LA CAJA DE AZAFRÁN»

«EL LIBRO DE LAS AGUAS», DE JOSÉ SARRIA 

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PRÓLOGO «ÁNFORA DE PLATA XLIV»

Vivimos unos momentos en estos tiempos que nos ha tocado vivir peculiares en lo que a la literatura se refiere: nunca antes se había escrito tanta poesía y, sin embargo, pocas veces ha sido tan difícil encontrarla. En el océano digital en el que nos sumergimos a diario, los versos flotan como mensajes en botellas lanzadas por millones de manos anónimas, pero el agua que los mantiene a flote apenas tiene profundidad. En un tiempo en que la poesía parece haberse extraviado entre los algoritmos y las prisas, el Premio Ánfora de Plata tiene el honor de alzarse como un gesto de resistencia. No solo frente al olvido, sino también frente a la trivialidad. Porque hoy, más que nunca, escribir un poema auténtico es un acto de fe —y leerlo, un acto de valentía. El lirismo parece haber olvidado su antigua vocación de desvelar lo invisible para contentarse con describir lo evidente. La poesía contemporánea, en demasiadas ocasiones, confunde el espejo con la máscara. Se ha vuelto autorreferencial, p...

TODO TIENE SU ECO EN LA ETERNIDAD

La vida me llevó a deambular de aquí para allá en la búsqueda incesante de algún eco que la eternidad hubiera reservado para mí. Aquel ejercicio de rastreo me llevó a vivir situaciones inverosímiles que me enseñaron a guardar distancias y verlo todo con cierta perspectiva angular, con afectación en las vidas de los demás, pero nunca supe cuál cambiaría la mía. Hasta que un extraño timbre agitó cada partícula de mi ser para que regresara a mis orígenes.  Y regresé sin pensarlo un momento. En cierto modo, cabizbajo por dejar las ascuas de mi propósito en el camino y dejar así que la vida fluyese como tal.  Me acomodé en pleno centro histórico, una rúa  que respira gratitud, desprende nostalgia, pero el estado de abandono que sufría le infería un aspecto decrépito, en cierto modo perlado de goticismo. Afortunadamente, entre los comerciantes y vecinos de la zona, con la obligada aportación del consistorio viendo que le comían la tostada, comenzó a recuperar un poco del lustre...

PRÓLOGO «EL CUADERNO DE LA BRISA»

Desde el leve murmullo de la brisa que acaricia las olas hasta el hondo eco de los recuerdos, este poemario se abre como un cuaderno íntimo que fluctúa entre el mar y la ciudad, entre el exilio interior y el retorno deseado. En estas páginas —bajo un cielo que dibuja el perfil de la ciudad de Ceuta vista desde el mar— el autor hace del viento su cómplice, de la espuma su metáfora y del cuaderno abierto su espacio de confesión. «Tendremos que juntarnos para siempre, aquí, / para asustar al músculo que se hincha, / para decirle adiós al ángel que nunca nos abraza». Estos versos, que abren el horizonte temático del libro, anuncian ya el tono de toda la obra: una poesía que se nutre de la memoria, del regreso, del mar como patria y del viento como herencia. En «El cuaderno de la brisa y otros poemas», José Miguel Giner Aguilar convierte el paisaje en un espacio espiritual donde el recuerdo se hace materia y el tiempo respira entre las páginas. La obra se presenta como un itinerario en pequ...