Durante el invierno del año anterior tuve la fortuna de ser obsequiado con un regalo navideño. Aquel cuento de navidad resultó tener, en apariencia, un final feliz, pero aprendí que nunca se sabe si aquello que nos cae en fortuna tiene consecuencias nefastas para nosotros o si, por el contrario, los actos nefandos que se nos vienen encima como losas pueden ser, en última instancia, hechos destacables y afortunados en nuestras vidas. Todo tiene siempre consecuencias colaterales, aunque no seamos conscientes de ello, para bien o para mal. Un año después de aquella afortunada cena navideña en casa de mi vecino, el del SONY de plasma, disfrutaba de una situación inmejorable económica y laboralmente: hacía montajes en vídeo para Globomedia, participé en varios cortometrajes (remunerados), trabajaba por mi cuenta haciendo pequeños vídeos publicitarios y ayudé en labores de producción para algún que otro largometraje... No contento con todo ello, también ocupab...
Blog personal de Daniel Moscugat. Cultura en general. Literatura en particular. Expansión creativa.