Ir al contenido principal

NUNCA EL TIEMPO ES PERDIDO

El primer regalo que recibí de sus manos fue un magnífico reloj de pulsera, «para que me recuerdes todo el tiempo», me dijo. Con aquel presente, he contado los minutos vividos desde que me dejó para siempre, hasta que conocí a María. Apenas conversamos unos minutos, comprendimos que necesitábamos algo más que palabras. Al cabo de treinta y dos, ya me encontraba en su casa semidesnudo. Hicimos el amor desaforadamente casi hasta el amanecer. Nos despedimos sin más y no pensé en ella hasta que miré la hora. Olvidé el reloj en su mesita de noche. 

Hasta aquel día, fui acumulando retrasos en mi vida por prestar atención al tiempo dedicado a mi ex, y ahogaba las penas en uno de esos bares donde te dejan envenenar los recuerdos para que mueran cuanto antes, un antro donde me fustigaba rememorando el pasado. Fue allí donde María surgió de la nada. Todo se detuvo entonces, y la hiel se transformó en miel, en el ron miel que bebimos hasta perder la noción del tiempo.

Confieso que carecer de ese objeto durante unos días me ayudó a olvidar a mi ex. Y quizá lo mejor es que siento la necesidad de volver a quedar con María y hacer el amor desaforadamente con ella, aunque tan solo sea para recuperar mi reloj y el tiempo perdido.



© Daniel Moscugat, 2025. 
Todos los derechos reservados.

Comentarios

Entradas populares de este blog

PRÓLOGO «ÁNFORA DE PLATA XLIV»

Vivimos unos momentos en estos tiempos que nos ha tocado vivir peculiares en lo que a la literatura se refiere: nunca antes se había escrito tanta poesía y, sin embargo, pocas veces ha sido tan difícil encontrarla. En el océano digital en el que nos sumergimos a diario, los versos flotan como mensajes en botellas lanzadas por millones de manos anónimas, pero el agua que los mantiene a flote apenas tiene profundidad. En un tiempo en que la poesía parece haberse extraviado entre los algoritmos y las prisas, el Premio Ánfora de Plata tiene el honor de alzarse como un gesto de resistencia. No solo frente al olvido, sino también frente a la trivialidad. Porque hoy, más que nunca, escribir un poema auténtico es un acto de fe —y leerlo, un acto de valentía. El lirismo parece haber olvidado su antigua vocación de desvelar lo invisible para contentarse con describir lo evidente. La poesía contemporánea, en demasiadas ocasiones, confunde el espejo con la máscara. Se ha vuelto autorreferencial, p...

TODO TIENE SU ECO EN LA ETERNIDAD

La vida me llevó a deambular de aquí para allá en la búsqueda incesante de algún eco que la eternidad hubiera reservado para mí. Aquel ejercicio de rastreo me llevó a vivir situaciones inverosímiles que me enseñaron a guardar distancias y verlo todo con cierta perspectiva angular, con afectación en las vidas de los demás, pero nunca supe cuál cambiaría la mía. Hasta que un extraño timbre agitó cada partícula de mi ser para que regresara a mis orígenes.  Y regresé sin pensarlo un momento. En cierto modo, cabizbajo por dejar las ascuas de mi propósito en el camino y dejar así que la vida fluyese como tal.  Me acomodé en pleno centro histórico, una rúa  que respira gratitud, desprende nostalgia, pero el estado de abandono que sufría le infería un aspecto decrépito, en cierto modo perlado de goticismo. Afortunadamente, entre los comerciantes y vecinos de la zona, con la obligada aportación del consistorio viendo que le comían la tostada, comenzó a recuperar un poco del lustre...

PRÓLOGO «EL CUADERNO DE LA BRISA»

Desde el leve murmullo de la brisa que acaricia las olas hasta el hondo eco de los recuerdos, este poemario se abre como un cuaderno íntimo que fluctúa entre el mar y la ciudad, entre el exilio interior y el retorno deseado. En estas páginas —bajo un cielo que dibuja el perfil de la ciudad de Ceuta vista desde el mar— el autor hace del viento su cómplice, de la espuma su metáfora y del cuaderno abierto su espacio de confesión. «Tendremos que juntarnos para siempre, aquí, / para asustar al músculo que se hincha, / para decirle adiós al ángel que nunca nos abraza». Estos versos, que abren el horizonte temático del libro, anuncian ya el tono de toda la obra: una poesía que se nutre de la memoria, del regreso, del mar como patria y del viento como herencia. En «El cuaderno de la brisa y otros poemas», José Miguel Giner Aguilar convierte el paisaje en un espacio espiritual donde el recuerdo se hace materia y el tiempo respira entre las páginas. La obra se presenta como un itinerario en pequ...