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MATRIA










(Inédito).

El día que vi su sonrisa
fresca de lluvia recién nacida,
prometí seguir los pasos de su bandera
hasta rebasar la frontera de su matria.

El camino me deparó
hondonadas de tinielas
gorgojeando rumores y desidias,
tormenta de grillos
que ululaban para silenciar
el pábilo de cada pétalo de luz
que brotaba de sus labios.

No lamenté caminar junto al diablo
hasta que logré cruzar el puente;
su silencio ceroso balbuceaba barricadas
adornadas de concertinas
con el único fin de emponzoñar
la inocencia de la lluvia neonata
que andaba perdida
entre madeja y ceniza de mi memoria.

Tampoco temí perder el rastro,
porque, a pesar de todo,
la luz nunca deja de centellear
en el horizonte
de la comisura de sus labios,
donde la frontera no era más que un beso
capaz de extinguir
la llamarada de cualquier diablo.
Desde entonces, los labios son mi matria
y una sonrisa mi bandera.



© Daniel Moscugat, 2020. Todos los derechos reservados.

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