Ir al contenido principal

PAISAJES PERDIDOS: UNA MIRADA A LA EXPOSICIÓN DE ANTONIA MARÍA SAMPER

Cuando uno abre los ojos después del fragor melódico que fluye por el tránsito onírico de los sueños, a veces se perpetúa en imágenes residuales que, sin comprender muy bien por qué, nos evocan momentos de un tiempo nunca vivido, o parajes donde caminamos sin haber transitado por sus singladuras, quizá mares de otro tiempo que espuman el recuerdo de donde nunca estuvimos... aunque nos resultan inequívocamente familiares. Los anhelos y recuerdos que perduran en nuestro mundo subconsciente se proyectan en la memoria colectiva, haciendo que el tránsito de vivir conecte con todos esos otros mundos que también proyectan su memoria. Así, la vida cobra el breve sentido de unas pinceladas de amistad; de lo prosaico y lo poético, en definitiva, entrelazados como un sueño hecho de realidad, como si Friedrich hubiera regresado a la vida con los aparejos de Turner.Cerrar los ojos y contemplar un paisaje donde quien convive dentro de cada individuo anhela estar aunque sea solo unos instantes es, más que un deseo, un lienzo impregnado de tinturas de antojo y fantasía. Tal y como dijera Edgar Allan Poe: «Quienes sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche». La dificultad estriba en poder materializar esos sueños, esos mundos oníricos que tal vez no se corresponden con la realidad, que no afloran de noche aunque sí van unidos al subconsciente colectivo. Como un enjambre de laboriosas abejas que parecen volar en desorden caótico, pero mantienen armonía y respeto entre sí, las pinceladas de Antonia María Samper se deslizan sobre el lienzo a su antojo, dibujando suaves armonías que por desigual componen una melodía más que reconocible y familiar. Máculas de bondad que devoran otras agresivas matrimoniando así un compás de equilibrios, delineando en la nada un hipnótico espejo en el que reflejarse. Y así, conforme uno va leyendo ese códice en apariencia indescifrable, se percata de su afinidad con otro mundo, otro ser humano, con quien empatizar, a quien amar.
La evocación que se derrama sobre el lienzo se multiplica en la memoria colectiva del espectador. A veces es Roma, a veces Grecia, en otras ocasiones la Málaga morisca, o quizá la fragancia de un pasado Andalusí, puede que hasta un anhelo hermano del otro lado del Mediterráneo. Todo se impregna de un ayer que pervive en el recuerdo como una vivencia propia, en la memoria proyectada, en el subconsciente colectivo que cierra los ojos y sueña con paraísos imposibles, con colores abigarrados en cielos elefantiásticos que invitan a volar con alas de sueños diuturnos, ciudades imposibles que disuelven la murria que agolpa la sangre abandonada a la monotonía, lagos fantásticos que dinamitan los lastres de la realidad... Y entonces parece que uno huele la infancia, aquellos sabores y nutritivas fragancias que permanecían escondidos en la memoria imperfecta, tal y como nos lo mostró Marcel Proust.

Caminamos a diario en busca del tiempo perdido, ese que permanece incrustado en algún recoveco de los recuerdos y que la oscuridad de la monotonía y la cotidianidad oculta en el desván de los juguetes imposibles con los que jugábamos en la infancia, en una infancia de cientos, muchos cientos de años... miles quizá. Allí encontramos esos colores olvidados, los momentos imposibles que nos empujaron a ser adultos y olvidamos su paradero, los juguetes de nuestra imaginación. Todo ello despertará en la retina como la fragilidad del amor materializado en cada trazo que sonríe tras el cristal del sueño evocador de cada lienzo. Y, como colofón al vuelo incierto de una abeja, deja su aguijón soterrado en la piel de la memoria e inocula el dulce veneno de la sonrisa. Porque son las sonrisas de Antonia María Samper las que se disfrazan de color y juegan al compás del antojo de unos pinceles que saben a las magdalenas de Proust, y ensueñan de día todo aquello que escapa a los que sueñan solo de noche en la retina de quien se detiene ante cualquiera de sus lienzos.





Texto de apoyo que acompaña al catálogo de la artista plástica Antonia María Samper para la exposición «Paisajes Perdidos» (del 5-18 de Mayo de 2017) que tuvo lugar en la sala Manuel Barbadillo, sede de APLAMA (Asociación de Artistas Plásticos de Málaga, C/ Comandante Benítez, 7. 29001-Málaga). 

Comentarios

Entradas populares de este blog

PRÓLOGO «ÁNFORA DE PLATA XLIV»

Vivimos unos momentos en estos tiempos que nos ha tocado vivir peculiares en lo que a la literatura se refiere: nunca antes se había escrito tanta poesía y, sin embargo, pocas veces ha sido tan difícil encontrarla. En el océano digital en el que nos sumergimos a diario, los versos flotan como mensajes en botellas lanzadas por millones de manos anónimas, pero el agua que los mantiene a flote apenas tiene profundidad. En un tiempo en que la poesía parece haberse extraviado entre los algoritmos y las prisas, el Premio Ánfora de Plata tiene el honor de alzarse como un gesto de resistencia. No solo frente al olvido, sino también frente a la trivialidad. Porque hoy, más que nunca, escribir un poema auténtico es un acto de fe —y leerlo, un acto de valentía. El lirismo parece haber olvidado su antigua vocación de desvelar lo invisible para contentarse con describir lo evidente. La poesía contemporánea, en demasiadas ocasiones, confunde el espejo con la máscara. Se ha vuelto autorreferencial, p...

A CIELO ABIERTO

Al hablar como editor sobre un libro en el que he trabajado y diseñado desde la primera hasta la última página, corro el riesgo de ser parcial. No obstante, ateniéndome a lo leído y a las innumerables referencias del extraordinario estudio pormenorizado de Antonio Aguilar sobre cincuenta años de producción poética, se me antoja, más que crítica literaria, hablar de reinvindación de la poesía de Inés María Guzmán.  La publicación de A cielo abierto supone no solo la culminación de cincuenta años de escritura, como acabo de mencionar, sino también reclamar la atención hacia una de las voces poéticas más coherentes y singulares de la lírica española contemporánea (en efecto, he dicho bien: lírica española contemporánea). La antología, que reúne poemas de trece libros y cuatro cuadernos junto a inéditos de distintas épocas, ofrece al lector una visión panorámica de la obra de Inés María Guzmán, desde sus inicios neorrománticos en los años setenta hasta la depuración expresiva de su p...

PRÓLOGO «EL CUADERNO DE LA BRISA»

Desde el leve murmullo de la brisa que acaricia las olas hasta el hondo eco de los recuerdos, este poemario se abre como un cuaderno íntimo que fluctúa entre el mar y la ciudad, entre el exilio interior y el retorno deseado. En estas páginas —bajo un cielo que dibuja el perfil de la ciudad de Ceuta vista desde el mar— el autor hace del viento su cómplice, de la espuma su metáfora y del cuaderno abierto su espacio de confesión. «Tendremos que juntarnos para siempre, aquí, / para asustar al músculo que se hincha, / para decirle adiós al ángel que nunca nos abraza». Estos versos, que abren el horizonte temático del libro, anuncian ya el tono de toda la obra: una poesía que se nutre de la memoria, del regreso, del mar como patria y del viento como herencia. En «El cuaderno de la brisa y otros poemas», José Miguel Giner Aguilar convierte el paisaje en un espacio espiritual donde el recuerdo se hace materia y el tiempo respira entre las páginas. La obra se presenta como un itinerario en pequ...