
La evocación que se derrama sobre el lienzo se multiplica en la memoria colectiva del espectador. A veces es Roma, a veces Grecia, en otras ocasiones la Málaga morisca, o quizá la fragancia de un pasado Andalusí, puede que hasta un anhelo hermano del otro lado del Mediterráneo. Todo se impregna de un ayer que pervive en el recuerdo como una vivencia propia, en la memoria proyectada, en el subconsciente colectivo que cierra los ojos y sueña con paraísos imposibles, con colores abigarrados en cielos elefantiásticos que invitan a volar con alas de sueños diuturnos, ciudades imposibles que disuelven la murria que agolpa la sangre abandonada a la monotonía, lagos fantásticos que dinamitan los lastres de la realidad... Y entonces parece que uno huele la infancia, aquellos sabores y nutritivas fragancias que permanecían escondidos en la memoria imperfecta, tal y como nos lo mostró Marcel Proust.
Caminamos a diario en busca del tiempo perdido, ese que permanece incrustado en algún recoveco de los recuerdos y que la oscuridad de la monotonía y la cotidianidad oculta en el desván de los juguetes imposibles con los que jugábamos en la infancia, en una infancia de cientos, muchos cientos de años... miles quizá. Allí encontramos esos colores olvidados, los momentos imposibles que nos empujaron a ser adultos y olvidamos su paradero, los juguetes de nuestra imaginación. Todo ello despertará en la retina como la fragilidad del amor materializado en cada trazo que sonríe tras el cristal del sueño evocador de cada lienzo. Y, como colofón al vuelo incierto de una abeja, deja su aguijón soterrado en la piel de la memoria e inocula el dulce veneno de la sonrisa. Porque son las sonrisas de Antonia María Samper las que se disfrazan de color y juegan al compás del antojo de unos pinceles que saben a las magdalenas de Proust, y ensueñan de día todo aquello que escapa a los que sueñan solo de noche en la retina de quien se detiene ante cualquiera de sus lienzos.
Texto de apoyo que acompaña al catálogo de la artista plástica Antonia María Samper para la exposición «Paisajes Perdidos» (del 5-18 de Mayo de 2017) que tuvo lugar en la sala Manuel Barbadillo, sede de APLAMA (Asociación de Artistas Plásticos de Málaga, C/ Comandante Benítez, 7. 29001-Málaga).

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